lalodelce

Sonidos en la memoria

In Poemas on Septiembre 18, 2009 at 22:06

De recuerdos prestados vivo,

En un pasado lleno de sonidos y olores,

Donde la gaveta de los cubiertos huele y suena al abrirse

Diferente de la gaveta de cuchillos y espátulas.

Uno huele a mantequilla y madera y el otro a secador y lavaplatos.

Un mundo donde el piso-pak de cuadros blancos y verdes debe haber atenuado muy bien las pisadas porque no se escuchan pisotones.

La cama de los tres perros que la habitaron, aunque no juntos ni en tiempo ni espacio, está colocada cerca a la cocina y debajo de las repisas rebosantes de pequeños frascos de condimentos, todos del mismo tamaño y forma, y todos con la tapa verde, en una hilera de sabores y olores.

Más arriba de las repisas hay un ventanal de cuadrados de vidrio catedral que dejan pasar luz y colores desde la cocina al comedor de diario. Un dibujo a crayón. Se parece a mi lata de colores.

Ella prueba cada guiso, cada caldo y cada picante, asegurándose que todos tienen el perfecto balance de sabor, color y olor.

Lo suave se derrite en la lengua y lo crocante cruje entre los dientes. Así tiene que ser. Lo que está hecho para remojar es una salsa en su punto y lo que se desmenuza tiene la textura necesaria.

Una enorme campana de hierro se come los humos y hervores que deprenden las ollas y sartenes que gritan azuzados por el rojo fuego de las hornallas.

El horno funcionando a mil da a luz un crujiente y tierno lechón, troceado con destreza por unas ruidosas tijeras va a parar a una fuente en una cascada de secos golpes.

El verduzco marmol de la mesada, cuyas vetas blancas se pierden entre sí, reflejan las luces de las lámparas y reciben con diligente hospitalidad a los calientes y fríos recipientes, quizá porque en el breve instante en que sus superficies hacen contacto provocan una música de estridentes altos y bajos.

Me gusta apoyar mis calientes cachetes en la fría superficie del mesón, así además puedo verla a ella de costado, como si estuviese flotando de lado entre las paredes azulejadas mientras produce su mágica comida.

Y me sonríe. Y sus ojitos le brillan. Y me alcanza a probar un bocado trinchado en un largo tenedor.

Clap, clap, clap … tres batidas de manos y tiene un pequeño ejército para asistirla a picar, trocear, medir, batir y revolver.

Esa cueva de Ali-babá donde escuché mi primera experiencia con una orquesta gracias a los sonidos producidos en ella, sus potajes y cuencos, viene recurrente a mi memoria disfrazada de mil y un formas. Sin ella nada sería y gracias a ella hoy subsisto.

Los sonidos de esa cocina unidos a la voz y risa de ella, son una armoniosa sinfonía que ha llenado de música mi niñez.

Y en la monotonía de mis propios sonidos,

Donde el blanco y el negro se repiten con tezón y pereza

Donde los sabores reflejan lo monocromático de mis colores

Donde mis ruidos son largos silencios

Son mis recuerdos de ella y su orquesta de ollas, copas y platos,

Los que mantienen la música y la alegría

Aunque en recuerdos diluidos.

Bri …

In Autenticidades on Septiembre 12, 2009 at 06:30

SANY0016

 

A not so little but still tiny bundle of joy.

Just a ‘cocoish’ digression from the blog’s purpose … Enjoy!

Pregón

In Profesión: madre. on Agosto 27, 2009 at 21:51

Parir por segunda vez a través de mi única hija es como un déjà vu. Con claridad aparecen detalles que se habían escondido en la madeja de los recuerdos vividos, de mi propia experiencia cuando ella nació.

¡Y duele! Los hombros, las sienes, los pies, es decir todos los lugares donde en un proceso de parto común y corriente no duelen. Penosamente una se hincha como pez japonés (fugu) de los puros nervios, sympathy swelling le dicen, debe ser un síntoma de abuelas porque que yo sepa a los maridos les da náuseas matutinas, a otros les crecen tetas y a otros hasta les salen estrías. Y ni qué hacerle, respirar y no sentir, como faquir, no sirve.

 Todos en estado de om generalizado por ordenanza matriarcal. Al primer nerviosito se lo expulsa del círculo de privilegiados que pueden estar alrededor de la parturienta, así la comunicación sea sólo por mensajes de texto. No queremos malas vibras dando la bienvenida a nietecita. “Todos” no es una generalización banal porque incluyen al marido de la parturienta. Felizmente él es un pájaro de pocos vuelos.

Si pudiera me instalaría en la pieza de invitados de la casa de la de en capilla. Como no puedo,  entonces tengo fantasías recurrentes que incluyen instalarme en una carpa en el jardín del frente de su casa o como huésped vitalicio en el hotel situado a la mitad entre su casa y el hospital. Y como soy realista, a la fuerza, entonces decidí parapetarme y trabajar desde mi casa durante el evento de dar a luz a nietecita  desde la distancia.

Mientras traduzco manuales, contacto a probables asociados, planeo eventos, y me mantengo alimentada y bañada, trato de ecuánimemente balancear mi existencia para no ser la primera desposeída de los derechos de admisión al mágico evento que está por suceder en nuestras vidas de comunes terráqueos.

Las mujeres pensamos que la bendición de dar vida a otro ser es una de las experiencias más intensas de nuestras vidas. En el instante en que sucede el alumbramiento se crea una especie de vacío en el alma: unas lloran, otras gritan y otras suspiran profundamente. Pero la experiencia de dar vida a través de una hija y verla parir es una sensación que te llega más allá del alma y la pelvis. Es un contacto a través del tiempo y las estrellas. Es magia pura.

Ella a quien di a luz, está trayendo vida al mundo: Un MILaGRO.

Justo cuando estoy figurativamente preparada para tener otro hijo, me dicen que voy a ser eso que empieza con “a”. Qué la parió! Juré y prediqué que una mujer no está lista para ser madre hasta alcanzada la cuarentena. Dadas las circunstancias voy a apechugar como general de ejército condecorado (el general y no el ejército). Eso sí, me niego a ser llamada abuela, grandma, obaa-san o baba a la tierna edad de 42 años. Ya pensaremos una palabra de dos sílabas que nietecita pueda pronunciar sin dificultad.

Mientras espero … prendo velas, hago yoga, cruzo y descruzo dedos, piernas y brazos, medito … y rezo.

¡Trompetas, cimbales y tambores! Es hora de pregonar … ¡Un ángel está por nacer al mundo!