lalodelce

Valentina

In Autenticidades on Enero 19, 2010 at 05:32

No dejaba que me acercase a ella ni a ocho metros de distancia. Pegaba unos gritos de tucán que espantaban al más diestro. Y el rechazo era generalizado, no aceptaba abuelas, tíos, primos, padrinos, comadres, ni amigos. Nada, excepto papá y mamá.

Por ello me perdí sus primeros años de vida, no recuerdo cómo lucía a los tres meses, ni a los seis, ni a los nueve. Pero sí me acuerdo de los berrinches que armaba en la vereda de la calle México frente a la mueblería que entonces tenía, las pocas veces que sus padres la traían a visitar a la tía Lalo. Eran unos chillidos que me rompían el tímpano, hacían correr a los perros callejeros y avergonzaban a sus padres hasta ponerles las orejas rojas.

La nena tenía como dos años la primera vez de la tríada de veces que me la dejaron a cargo. Mi buen marido y yo estábamos solos y sus padres desesperados, me imagino, porque finalmente decidieron dejar a Valentina al cargo de los tíos por dos horas. Horas de suplicio y gracias a las cuales hasta hoy tengo un timbrido en el oído derecho que no desaparecerá nunca, estoy convencida.

Nos encontramos en el McDonald’s de la Ballivián, los papis nos entregaron las mamaderas, chupones, bolsa llena de pañales, cremas y ungüentos, sonajas (como si el ruido que ella hacía no hubiese sido suficiente), etc. El y yo pestañeamos tres veces, mientras los papis … *puf* … desaparecieron, como hechos de humo. Y quedamos con Valentina en las manos por las siguientes dos horas.

Nos miramos a los ojos los tres, desconcertados y tomados por sorpresa. Enseguida ella abrió la boca y no la cerró más hasta ver a papá y mamá de nuevo, y mi marido y yo no paramos de movernos hasta depositarla en esos salvadores brazos 120 minutos después. Un tanque y medio de gasolina nos costó la cosa. Nada, que la paseamos por calles, avenidas, plazas y cerros, mientras ella nos ensordecía con sus bramidos de becerro abandonado.

No nos dejaba tocarla. Cada que intentamos los chillidos fueron más perforantes. De vez en cuando, sin embargo, se callaba, siempre y cuando el coche estuviese en movimiento y el chupón no se le cayese de la boquita de pimpollo, ah, sí, es que Valentina es preciosa. No había que mirarla por sobre el hombro ni de soslayo porque la “cosorosa” pescaba todo y no le gustaba que ni la miremos. No pescó el retrovisor, eso sí, así que mi marido manejó con un ojo en el camino y otro en Vale. Se lo agradezco hasta el día de hoy.

Pensé entonces que jamás tendría la oportunidad de poderme conectar con mi adorada sobrina. Pero el tiempo pasa, los chicos crecen, … y uno se olvida de lo ocurrido, hasta que un acontecimiento similar te lo recuerda de nuevo. Ah, Dios, los bebés y sus cosas … Hoy Valentina es una linda jovencita que hasta me escribe cartas, claro que no es que la haya podido abrazar mucho que se diga, pero hablamos por teléfono y hasta quiere visitarme!

Cada uno como es, verdad?

2010

In Aniversarios on Enero 1, 2010 at 00:01

El dibujito es de Joe Heller

Sí, el 2009 no es que se lució mucho que digamos y parece que envejeció una década en 365 días. Es hora de estrenar década nueva! Suerte y fuerzas!

Cosas así existen.

In Cuentos on Diciembre 30, 2009 at 05:09

Ella existe.

Va a cumplir 31 y tiene un nene de dos años. Está soltera.

Algunos la encuentran divertida. Masculla maldiciones y de vez en cuando hasta te dirige un saludo.

Rubia y de ojos oscuros. Delgada, de sonrisa amplia y dientes parejos. Es lo suficientemente alta como para estar bien con un chato o con un larguirucho (estéticamente hablando).

Tiene las uñas limpias y las cejas pobladas (se las depila de vez en cuando).

Se viste de blue jeans y polerones. Lleva cadenita de oro en el cuello y anillitos de oro en las manos. Eso sería en cuanto a arreglos. No le gustan las bufandas ni las cosas muy bonitas. Pero ella lo es.

Terminó el bachillerato a golpes y ahí se quedó. Le fascinaría tener un ‘associates’ como meta última de su carrera intelectual. No es que piense mucho. Opina harto eso sí. Pero generalmente lo que opina se acomoda al tipo de hombres de los que se rodea.

Le gustan la carne, las papas y las espesas salsas. No come nada que no sepa pronunciar o que haya sido cocinado sin abrir una lata y un paquete por lo menos. Al fin y al cabo se destetó con comida hiper procesada. A ese sentido gastronómico ella le llama ‘selección’ aunque otros lo consideren ignorancia. La horrorizan los menús que presentan ingredientes tales como alcachofas o frutos del mar. Prefiere los que ofrecen pollo frito y hamburguesas. Si de postre le das  a elegir entre ‘poire Helene’ o Twix, se come el último.

Fresas y bananas serían su única dieta si no fuese que necesita de otros nutrientes. Prefiere cenar en Popeye’s que en un restaurante que ofrece comida y no cartón picante envasado en plástico. No nos olvidemos que considera al choclo, papa y tomate vegetales. Sin enterarse que el choclo es un cereal, la papa un tubérculo y el tomate una fruta.

Trabaja de nueve a cinco. Cría su nene las 24 horas a veces presente y las más a través del celular. Le fascina mandar mensajes de texto y sólo utiliza el teléfono si es indispensable. Eso sí ventila sus ocurrencias domésticas cada día a la hora del almuerzo con cuanto ser humano quiera escucharla.

Cuando se sienta a la mesa un tenedor de plástico le da de sobra para llevarse el alimento a la boca, escarbar lo que no le gusta, quitar las salpicaduras de la mesa y hasta para rascarse la cabeza. Erupta con la libertad de los árabes y japoneses. Servilletas no usa y pone los pies y zapatos en el asiento disponible más cercano. Eso sí critica a cualquiera que no es como ella por cien y mil.

Cuenta sus aventuras debajo de las sábanas en cuanto tiene un mazo de cartas en sus manos, es que le gusta jugar juegos de barajas. El aroma de las palomitas de maíz ligeramente pasadas de punto la mata de la rabia pero tolera el pestilente aroma de grasa de la comida chatarra que se morfa sin ningún remilgo. Es capaz de dormir con perros, gatos, ardillas y hasta peces en la cama. No es muy selectiva que digamos en sus hábitos relativos a Morfeo, aunque los Pantagruélicos son bien definidos por estrictas normas de baja calidad.

Esta mujer está sola ahora, en realidad entre pareja y pareja, pero sería la mujer ideal para algunos. Quizá para más de uno. Es cuestión de saber cómo encontrarla. Despotrica a vozarrones y palabrotas y llama a todos por su nombre. Pero también es insegura y dócil, siempre y cuando se la grite de buenas a primeras. No es un gran apoyo económico ni intelectual, pero quizá sí medianamente emocional y definitivamente una gran adición social y cultural … para aquellos que califiquen y gusten. Pedidos de referencias? … envíenme un e-mail y les traigo la cosa “ipso pucho”.